¿Tecnólatras o tecnofóbicos?

Un libro que nos facilita el raro privilegio de asistir a una polémica entre dos pensadores brillantes.
Nadie puede quedar ajeno al debate sobre las virtudes o los defectos de Internet. Usuarios o espectadores, todos formamos parte de un mundo que exhibe la impronta de la comunicación virtual, de la información agobiante, de la multiplicación de los mensajes o de la brutal desigualdad en el acceso a estas herramientas. La imposibilidad de la indiferencia, la generalización de los efectos colaterales, las metástasis comunicacionales nos igualan al menos en este aspecto del presente.

Cuando una cuestión se “naturaliza” por el impacto que ejerce su presencia masiva en la vida cotidiana, siempre resulta atractivo escuchar la opinión de los pensadores que, desarticulando los dispositivos de aquella naturalización, nos acompañan a reflexionar con sensibilidad e inteligencia acerca del fenómeno.

“¿Internet? Si confiamos en sus más fervientes adeptos, la transmutación del plomo real en oro virtual ha comenzado: Internet o la promesa de un mundo mejor, pacificado por el intercambio y la comunicación. Los adversarios de la Red esgrimen, por su parte, la amenaza –¿simétrica?– de un nuevo totalitarismo de la comunicación en el mejor de los cibermundos.

El filósofo Alain Finkielkraut desconfía más del Paraíso prometido por unos que del Infierno anunciado por los otros. Autor-lector, productor-consumidor, el usuario de las nuevas máquinas goza de una “libertad fatal”: una libertad de la cual no puede escapar.

Según el investigador Paul Soriano, no es Internet lo que está en juego, sino más bien la convergencia de tres fenómenos, de orden técnico, económico e ideológico. Tres fenómenos distintos pero unidos en una voluntad común: la de disolver en el Gran Todo Virtual todo aquello que nace, se afirma, perdura, diverge y se enfrenta en el tiempo y el espacio propiamente humanos.”

Finkielkraut
cree que la nueva utopía formula pronósticos más certeros que la retórica crepuscular de los apocalípticos y, justamente por ese motivo, es que debería darnos miedo. Cuando todos nuestros deseos se satisfacen al instante, cuando el mundo es un menú que podemos combinar a nuestro antojo en un zapping permanente: ¿Qué ocurrirá con lo que resiste? ¿Qué sucede con lo exterior, con el no-yo? ¿En qué se convierte el mundo si el mundo es “mi mundo”? La sumisión de la realidad a sus representaciones no es una libertad ilusoria sino una libertad fatal.

Sentados en nuestras butacas oprimimos controles a demanda con un poder discrecional esclavizándonos a nuestras impaciencias y presos de lo instantáneo. Castigamos de ese perverso modo la superioridad y nos vengamos de lo elevado. Condenados a ser libres, condenados a nosotros mismos en todo momento y lugar ¿Qué será lo que irremediablemente perdemos? Convertidos en “déspotas febriles” seleccionamos todo el tiempo con la ilusión de una soberanía que paga precios demasiado elevados. Disuelta toda alteridad, toda la sacralidad del conocimiento ajeno, toda la trascendencia y el sentido de la información, naufragamos en aguas de la interacción permanente y de los significados en fuga. ¿Aceptaremos sacrificar la meditación a la agitación, y la pasión de comprender a la pasión de comunicar?

Paul Soriano considera que la vida en red afecta la experiencia íntima de las personas, el tiempo, el espacio, la memoria, la identidad, las instituciones, lo “real”. En un espacio “glocal” (local + global), en red, construimos nuestros nuevos escenarios vitales. La sociedad del ciberespacio está desprovista de regulaciones globales, no existe una Constitución del ciberespacio. El cambio permanente transforma las reglas de modo vertiginoso en un proceso de perpetua adaptación. Esta nueva circunstancia da lugar a otras formas de regulación, un poder a menudo más sutil y más implacable. La “razón conéctica” es aquella en la que la división se establece entre quienes son capaces o no de desconectarse. Pero ¿seremos realmente libres al desconectarnos?

En los límites de lo humano, ante el advenimiento de una subjetividad que estalla en miles de posibilidades, ante la posibilidad virtual de sucumbir a nuestros deseos, el autor se pregunta: ¿Acabaremos alabando al homo sapiens por haber tenido el mérito histórico de organizar su propia evolución, y el coraje cósmico de consentir su propia desaparición?

Este libro habla de nosotros, nos habla a nosotros, tal vez sea el momento de interrogarnos si aún estamos a tiempo de que hable con nosotros.

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Referencias:

Alain Finkielkraut-Paul Soriano, Internet, el éxtasis inquietante. 1a edición, 96 páginas, 14×21 cm. ISBN 987-1081-84-7

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