10 preguntas sobre mi madre

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1. ¿Cuándo prescribe la coquetería?
Mi vieja tiene 92 años y me reta porque no la confirmo ante la gente cuando asegura que está por cumplir 90.

2. ¿Cuándo una madre deja de contarte el relato de tu infancia?
Mi vieja me cuenta cada vez que puede cómo era yo en mis primeros años de vida. –Ya me lo dijiste mamá, no hace falta que me lo cuentes otra vez. –Sí, hace falta porque yo me voy a morir y esa parte de tu vida se irá conmigo. Tengo que estar segura de que pase de mi memoria a la tuya.

3. ¿Cuándo una madre deja de preocuparse por la felicidad de sus hijos?
Me lleva a un rincón y me dice al oído. –Daniel, nunca una mujer te hará feliz porque te gustan todas y sos incapaz de renunciar a ninguna. Ya que no tenés resignación por lo menos actuá con discreción.

4. ¿Cuándo una madre deja de buscar que tus sueños de niño se conviertan en realidad?
–Te gustaba tanto leer que empezaste a escribir tus propias historias. Las tengo guardadas pero no te las voy a dar porque las vas romper. Tu padre y yo las leíamos en la cama. No seas tonto, escribí. No te juzgues como a un enemigo. Dejá que te juzguen otros. Dale, prométeme que vas a escribir aunque sea esas chanchadas que te gusta contar.

5. ¿Cuándo una madre te escribe el guión del  recuerdo que tendrás de ella?
–Tengo que ir a la peluquería, maquillarme, ponerme el audífono cada vez que sé que vas a venir. No quiero que guardes en tu cabeza la imagen de que tu madre fue alguna vez una vieja de mierda. Recordame linda y lúcida. Prometeme que te vas a olvidar de todo lo demás.

6. ¿Cuándo una madre te impide olvidar?
-¿Te acordás cuando te echaban de todos los colegios? –Sí mamá, me acuerdo. –Yo sufría mucho, pero tu padre me decía: “no te preocupes, prefiero que sea un cabrón incendiario que un boludo satisfecho, nada malo le va a pasar”.

7. ¿Cómo guardar un secreto ante una madre?
-No me digas que sos feliz, a mí no podés engañarme. -Sí vieja, soy todo lo feliz que sepuede ser en la vida real. No es mucho, pero es lo que hay. Me aprieta fuerte la mano. Huele a Chanel y a Corega. -No me jodas, el que guarda un secreto carga una piedra sobre los hombros. Yo soy la única que puede ver el peso que te agobia.

8. ¿Quién si no ella?
-Mañana te voy a hacer una cheesecake, vení a buscarla a la tarde. Yo sé cómo te gusta a vos pero no se lo voy a decir jamás a nadie. Ese sabor será el recuerdo que te voy a dejar en la lengua.

9. -Cuando te recibiste de médico me dijo: “Ahora se va a dejar de joder”. Fue la única vez que me equivoqué con vos. La única, después siempre tuve razón.

10. Mi vieja y las hamacas -¿Te acordás lo que me dijiste un mediodía cuando te traía del jardín de infantes? –Sí vieja, me acuerdo. –No importa, te lo voy a contar otra vez. –No, dejá, no hace falta. –Sí, hace falta. Me contaste que había una nena que se llamaba Adriana y que cuando se hamacaba en el patio vos no podías dejar de mirarla. Que te hacía doler la panza y te venía una cosa rara, como un mareo. Me preguntaste cómo se llamaba eso que te pasaba. ¿Te acordás qué te contesté yo? –Sí, me acuerdo. –Te dije que eso se llamaba “amor”.  ¿La recordás?, era una nena preciosa. –Sí vieja, todavía la busco en todas las hamacas…, y en todas las mujeres.

  • Luciano Pereira

    Muy bueno lo de tu madre, Daniel. Casi me hacés llorar. Creo que escribiré algo sobre la mía. Está con Alzheimer y se le está escurriendo progresivamente la memoria. Un abrazo.

  • Jose

    Excelente, gracias por compartirlo

  • Pliplo

    hermoso!, especialmente porque le hiciste caso al punto 4 y hoy podemos disfrutar de lo que relatas…