Spleen de domingo I

A esta hora del domingo todo enmudece, todo es penitenciario. Fluye una atmósfera de estrangulamiento. Vibra en el aire la cuerda del desasosiego. Suena una canción para naufragios. Mientras baja la noche te infecta una lucidez crepuscular. Una inteligencia mortífera. Alguien te escupe la verdad sobre la cara. Te sube por las piernas la culpa de estar vivo. Se te sienta en el pecho como una disnea opresiva. Los muertos se te montan sobre la espalda. El piso abre la boca y te muerde los talones.

A esta hora todo se cae. Pero lo que te aterroriza es la resurrección. Lo que te estremece es la conciencia de que mañana empezarás de nuevo. Como un Sísifo idiota remontarás la semana cargando una piedra inútil que volverá a rodar cuesta abajo a esta misma hora siete días más tarde. Te vas a emborrachar con esperanzas falsas, con logros triviales y alegrías mentirosas. Pero el próximo domingo nadie te dará tu dosis. No tendrás más remedio que mirar a los ojos a tu soledad y a tu fracaso. Al absurdo de la voluntad, al espejismo del futuro. Te coserá la boca el infierno del reposo.

El domingo prueba que nada tiene remedio. Te lame una morriña de infancia. El olor de la cocina de tu vieja, la barba de tu padre raspándote la cara, la boca de una mujer. No hay antídoto. Es un ensayo general para la muerte. Un recuerdo del futuro. Te recuerda, como un espejo obstinado y cruel, hacia donde vas. No importa lo que hagas.

Claro mami, claro que lo recuerdo. Nunca he podido olvidarlo. “Todo, pero todo se soporta cuando hay una familia”. Sostenés la existencia entre los dedos haciendo equilibrio para que no se te caiga. Anticipás el ruido de los cristales estallando sobre el mosaico. Los ojos desmesurados y quietos. Algo se quiebra. Ves cómo lo más valioso se salva. Mientras vos te rompés en mil pedazos. Has cumplido. Como debe ser. Son seis minutos y nuestra mami va a contestar. Mami elimina el error de que vos sos capaz…