Cartas de lectores Revista “Ñ”

Acerca del apasionante libro de Ricardo Coler 

Es muy alentador que vuestra revista haga lugar a debates a menudo silenciados. El apasionante libro de Ricardo Coler, “Eterna Juventud”, propone una mirada infrecuente pero imprescindible. La encrucijada entre ciencia y cultura, entre historia clínica e historias de vida, entre biología y biografía. Salirse del encierro epistemológico de la propia disciplina es algo que pocos pueden hacer y  Coler ya ha dado muestras de su habilidad para lograrlo en sus libros anteriores. Quisiera hacer algunas precisiones con la mejor buena voluntad y mi explícito respeto por las ideas de otros. 

  1. Estudiar a pequeños grupos excepcionales y luego trasladar ese conocimiento a todas las personas -cuando ello es posible- es algo que la ciencia ha hecho y hace siempre (Indios Pyma, Apo A1 Milano, etc). Pero de ningún modo implica desconocer las condiciones particulares de cada población, algo que Coler hace con toda precisión.
  2. La necesidad evolutiva de la muerte de los individuos para asegurar la continuidad de la especie es un hecho. Pero lo que la medicina hace todo el tiempo es contradecirla sin ignorarla. De lo contrario, deberíamos abandonarnos a la más cruda naturaleza que no requiere de sus individuos más allá del período reproductivo. Los fines de los hombres –para bien y para mal- no siempre coinciden con los de la naturaleza. Nadie se resigna al mandato de morir joven mientras pueda postergarlo. La naturaleza no es una religión cuyos mandatos debamos seguir ciegamente. La cultura, la ciencia en particular, se han esforzado por comprenderla para modificarla.
  3. La Medicina no nos duplicó la expectativa de vida. Sin desconocer sus extraordinarios aportes, existe evidencia suficiente que demuestra que han sido los cambios sociales y la cultura los principales responsables de ese fantástico fenómeno. Del mismo modo en que hoy amenazan con acortarlo. Pese a que la medicina insiste en atribuirse méritos que no tiene y a medicalizar aspectos de la vida que le son ajenos, lo que ha hecho y lo que hace es más que suficiente como para sentirse orgulloso de ella.
  4. Ver a la vejez como una “enfermedad” es sólo una posición teórica que permite pensarla desde esa perspectiva. Una metáfora como tantas otras que la ciencia emplea para modelizar un objeto de estudio. No comprendo el motivo de que ello espante a nadie mientras se consideran enfermedades a multitud de situaciones que claramente no lo son y se interviene sobre ellas sin que eso pareciera perturbar a quienes así lo hacen.
  5. El “carácter policial” de algunas intervenciones médicas no tiene nada que ver con que lo que persigue sea bueno o malo. Es más bien el modo imperativo en que ello se convierte en prácticas que culpabilizan, persiguen o estigmatizan a las personas lo que las hace punitivas, “policiales”.
  6. Un anciano de 80 años con un aneurisma de la aorta abdominal sin complicaciones al que no se interviene como resultado de la ecuación costo-beneficio, es precisamente otra forma de prolongar la vida. Ya que hacerlo sería un modo de acortarla. 

Ojalá el intercambio de ideas continúe, todos nos enriquecemos con él. El acuerdo hegemónico que nadie discute es una forma cadavérica del pensamiento. Inquietarnos con ideas inteligentes y un estilo cautivador son atributos que agradezco a Ricardo Coler cada vez que uno de sus libros cae en mis manos.