¡Con las uñas no!

uñas.oximetro

Se estaba ahogando. Los labios azules. Aferrada al respaldo de la cama para aumentar la fuerza inspiratoria. Las sibilancias se escuchaban desde la puerta de calle. El cuello le latía desbocado más de 140 veces por minuto. Sudaba. A los 16 años ya es una experta en crisis asmáticas. Estaba enojada con la enfermedad, con ella misma y conmigo que amenazaba con internarla el sábado a la tarde en vísperas de una fiesta de fin de curso en Pinar de Rocha. Saqué un frasco de alcohol en gel y un algodón. Le tomé el dedo anular e intenté borrar de sus uñas unas lunas minúsculas en cuarto menguante rodeadas por estrellitas sobre un fondo de noche negra para colocarle el oxímetro de pulso. Sacó la mano como si se la fuera a cortar. -¡Ni se te ocurra! Te juro que te rompo el velador en la cabeza.- Me dijo con las palabras interrumpidas por la disnea y acompañadas por la melodía de un silbido de tren que subía desde sus bronquios.