Cuando un pibe se mata

niño.arma

Esta mañana atendí a una maestra relacionada indirectamente con el caso del chico de 12 años que se suicidó por el acoso escolar. La mujer estaba tan angustiada que fue necesario internarla por una arritmia cardíaca. Conversamos mucho acerca de esa historia que yo me había resistido a leer en los diarios más allá de los títulos. El mundo debería detenerse cuando un pibe se mata. Es inadmisible y horroroso. Es una patada en los huevos para cada uno de nosotros. Pero todo sigue igual. La historia de Víctor me llevo a la mía cuando tenía su edad. Yo también fui raro y desadaptado. Creo que sigo siéndolo en alguna medida pero yo no me jode para nada. Cuando a esa edad se reciben burlas y agresiones por ser diferente o te convertís en víctima o en victimario. Algunos se amasijan, otros se suben a la terraza de un colegio en EE.UU y liquidan a sus compañeros y maestros. La muerte, en ambos casos, es el camino. A mí no me gustaba el fútbol y me gustaban los libros. Disfrutaba de estudiar o de escribir y despreciaba los deportes. También me llegó la cuota de crueldad pediátrica como a cualquiera que se salía de la manada. Pero no me pegué un tiro. Me cagué a trompadas durante más de una década con todo el que se me ponía adelante. Hice la escuela primaria en cinco colegios diferentes y en otros cinco la secundaria. Me echaron diez veces y diez veces volví a hacer lo mismo. Me llevaron en cana en tres oportunidades. En mi primer día como residente de cardiología volví a repetirlo y tuve una denuncia policial y una suspensión. Me gané mi lugar a trompadas para no pegarme un tiro. Nunca dejé de leer ni de estudiar. No me siento orgulloso de eso. Ahora me da por pensar que algo grave no funcionaba bien en mí entonces y sigue sin funcionar ahora. Puedo advertir unos segundos antes de que estalle la violencia. Lo percibo como un aura compuesta por un olor indescriptible, ni feo ni lindo, raro, y un zumbido interior que atenúa los del ambiente. La boca se me seca y siento en los dedos de las manos una parestesia eléctrica. Una alucinación sensorial que siempre es olfatoria, auditiva y táctil. Cuando eso me ocurre el proceso ya es irreversible. Me doy cuenta y sé que voy a hacer una locura. Lo comprendo pero nunca he logrado detenerlo. Es una descarga eplileptiforme que alcanza un umbral y se generaliza en un acto brutal y descontrolado. He aprendido a identificar los gatillos o desencadenantes y trato en lo posible de evitarlos antes de que sea irremediable. Una especie de epilepsia focal me ha protegido de matarme cuando era un chico pero me ha expuesto a que me maten otros muchas veces a lo largo de mi vida. A veces la enfermedad te protege del mundo. Sus beneficios secundarios la justifican. Tal vez si me hubiese hecho alguna vez un electroencefalograma y hubiese tomado una pequeña dosis de carbamazepina me hubiese ahorrado muchos inconvenientes. O me hubiese volado la cabeza como el pobre pibe. Quién sabe hermano Víctor, quien sabe…

  • Erikabarrozo

    Yo tenia en el secundario un compañero super callado, timido. No molestaba a nadie. Pero los demas varones lo gastaban todo el tiempo, le hacian “La malteada” , le escondian la mochila y se burlaban ante cada comentario suyo. Fue asi desde el principio del año todo el tiempo recibia esa clase de maltrato. Cuando ya habiamos pasado las vacaciones de invierno comenzó a faltar. Al principio no se notó en el curso y después nos acostumbramos a que no estubiera hasta que un preceptor nos avisó que como se iba a quedar libre habian llamado a su abuela (unica familiar a cargo) y descubrieron que todos esos dias de ausencia fueron porque se habia “rateado”. La abuela siempre pensaba que estaba en la escuela. Salia todos los dias con su mochila y en vez de estar sentado recibiendo educacion, conocimientos y cultura él habia encontrado en cambio un maltrato y humillación constante y por eso elegía todos los dias no entrar. Cuando lo confrontaron con la realidad tampoco quiso regresar y lo terminaron cambiando de colegio. Todos los dias yo veia cómo lo maltrataban y nunca intervení, me parecia que no era mi problema. Tampoco entendía porqué no se defendía él, incluso era mucho más alto que yo. Cuando anunciaron que ya no volvería sus agresores tampoco entendieron nada y creo que recién ahí se dieron cuenta del error. No creo que ellos tuvieran realmente alguna cosa en contra de ese pibe, eso se pudo reconocer en las caras de preocupación que pusieron al saber la noticia. Hoy cuando veo las noticias de chicos que reaccionaron ante un trato similar al que vivió mi compañero, lo recuerdo. Y asu vez me pregunto porqué no hice nada? si todos hicieramos algo cuando nos encontramos con situaciones que sabemos son injustas tal vez podriamos hacer también que nuestra sociedad cambie.