Desayuno de monos (II)

mono.hombre

Gran desayuno de monos esta mañana. El Martes se murió Perico. Lo encontraron sobre la cama con el control remoto en la mano y la tele encendida en el canal Fox Sports. El cuerpo estaba todavía caliente cuando su mujer entró al cuarto sorprendida porque no le reclamaba la cena. Por la mañana un grupo de tareas procedió a eliminar todas las evidencias de su vida clandestina que debían morir con él. Borraron los números del celular identificados como: auxilio mecánico, ayuda médica o service lavarropas. Se repartieron dos tiras de forros saborizados de fresa marca Prime que guardaba debajo de la tapa del tanque de nafta del auto. En el baúl, bajo la rueda de auxilio, rescataron una deliciosa carta de amor que nadie se animó a quemar y que ahora guarda el negro S. como una reliquia. “Quisiera tener un hijo con vos. Pero yo ya tengo dos y vos vas a ser abuelo. No nos queda más que querernos en este hotel de mala muerta a la hora de la siesta. Pero no vamos a sufrir por eso. Mejor nos desnudamos rápido y nos besamos mucho antes de que tu mujer o mi marido empiecen a preguntar por nosotros”, decía el papel escrito a mano y sucio de grasa. La carta era larga y conmovedora. No sabemos quién la escribió pero nos prometimos averiguarlo. La monada recolectó dinero toda la semana y ayer le llevaron a su viuda oficial tres lucas para los gastos. Con los dos mil mangos restantes pagaron un par de deudas de juego que el amigo tenía pendientes. La delegación lloró mientras abrazaban a su mujer en el velorio. “Él siempre nos hablaba de vos”, le dijo el “boquita” Marciotti. Es mentira, por supuesto. Pero sabemos que lo hubiese hecho si algo así no nos estuviese prohibido en la lengua de primates que hablamos entre nosotros. Claro que la quería, la quería mucho. La engañaba con otras mujeres, se iba de putas y se jugaba la guita que le escondía en el Bingo de Morón. Pero eso nada tenía que ver con el amor animal que un mono siente por la madre de sus hijos. Claro que la quería. Y los amigos del bar le dijeron a esa mujer todo lo que ya sabía pero su hombre nunca le pudo decir. Después llamaron a sus dos mujeres paralelas y les dieron la mala noticia. Unos caballeros.

Esta mañana llegaron tristes. Dejaron la silla de Perico vacía con el suplemento deportivo del Clarín sobre la mesa reservado para él. Ya ha pasado antes con otros muertos. Alguien pidió una vuelta de Cinzano y brindamos a su salud. Después llegaron las anécdotas y la alegría torpe y nostálgica de una banda de hombres que no sabe qué hacer con sus propias emociones. Lloramos y nos reímos a carcajadas. El vermucito nos aligeró la lengua y se cantó en homenaje al amigo que se fue. Le dedicamos los tres goles de Messi contra el Almería y le dimos la noticia de que Mancuso sugirió al Diego para dirigir a Boca. El “coqui” Barrale pidió la pizza de rigor con la que tratamos de compensar cada domingo la dieta de hambre que la mujer del gordo Zamudio le hace padecer durante la semana. Fumamos, tomamos, comimos. Brindamos varias veces por el pobre Perico. Brindamos por nuestras esposas que no pueden entender el modo tan contradictorio en que las amamos. Nos reservamos el Fernet para brindar por nuestras mujeres prohibidas que sí saben cuánto las queremos. Porque a ellas no podemos no decírselo. Porque a ellas no nos cuesta nada confesárselo aunque no conocemos el motivo. Porque nos rescatan del absurdo celibato monogámico. Porque nos acarician los huevos en camas incorrectas mientras nosotros las miramos como a diosas a las que necesitamos adorar. Les rendimos el merecido tributo por todo lo que nos dan. Por hacernos felices sin merecerlas. Por la dignidad con que nos ofrecen sus besos secretos y sus caderas hospitalarias. Después brindamos por las putas del sauna de Flores. Y por todas las mujeres del mundo que son lo único que nos demora la muerte.

¡A tu salud querido Perico!

  • Ana

    No es necesario ser una esposa para no entender el modo contradictorio como todos amamos. La institución matrimonio, con celibato incluído – como muchos otros paradigmas que venimos sosteniendo con gran costo – tiene fecha de vencimiento, sólo que no se halló aún un sistema para reemplazarlo. Mientras tanto está bueno poder leer – escribir y hablar – de aquello que permanece por detrás de la pared. ( o detrás de la máscara).
    Un abrazo.

  • Ana II

    No sé quien es esta Ana que siempre se me adelanta en los comentarios!!. No soy yo, obviamente,ja jaja.
    Coincido en casi todo con ella menos en que “no se halló aún un sistema para reemplazarlo” (matrimonio-monogamia). Creo que lo que ocurre es que estamos dispuestos a “bancarnos” los costos de esa institución y no los de “andar sueltos” por la vida. La censura social-sobre todo para las mujeres, más que para los hombres- es muy grande todavía. La crítica social por no haber tenido al menos un matrimonio- de cierta duración, con hijos icluídos, es feroz. Y luego el estigma de “no rehiciste tu vida?” después de una separación…
    El celibato monogámico es tremendo para hombres y para mujeres también, pero, siempre hay un pero… parece ser que seguimos engañándonos con que “peor es nada”!