Desayuno de monos

hombremnono.cabeza

(Domingo 9hs)

Hoy llegó el “Cabeza” con un bolsito de lona y el perro atado a una correa. La mujer lo rajó de la casa. No es la primera vez.

-¿Qué pasó “cabeza”?
-La hija de puta me encontró forros en la guantera del auto.
-Le hubieses dicho que eran para protegerla a ella.
-Es lo que le dije. Pero la turra me tiró la ensaladera de loza por la cabeza.
-¡Qué desagradecida! Hiciste bien en dejarla que te raje.

La solidaridad fue inmediata y conmovedora. Le conseguimos una cama en el departamento de otro deportado reciente. El “sopa” Martínez se llevará al perro hasta que amaine la tormenta.

Al gordo Zamudio la mujer lo puso a dieta estricta. Apenas pesa unos 120 kg. Para que no la traicione la yegua le dió justo los siete mangos para un cortado y le confiscó la billetera antes de salir de la casa.

– Me tiene así desde el Lunes. Me cuenta las monedas para el bondi cuando salgo a laburar.
– Pero, ¿hasta dónde vamos a llegar? Dijo Bartolo completamente indignado.

Otra vez la red social se estremeció con ese amor cómplice y penitienciario que circula entre los hombres en la mesa del café.

– Eh! gallego, traele media docena de medias lunas y un submarino al gordo. Gritó el “Chupete” Benítez a voz en cuello.

El “boquita” Marciotti se puso de pie.

– ¡Qué medias lunas ni medias lunas, qué submarino ni ocho cuarto! ¿Qué se volvió puto el gordo ahora? Gallego traele una grande de muzzarella y una Quilmes Imperial.

El “Coqui” Barrale arengó a la monada. Ya iba por el segundo Fernet Branca doble medida del desayuno.

-Te vamos a dar un desayuno como vos te merecés gordo. Tendrías que patearle el culo a esa yegua muerta de hambre.

El gordo estaba al borde del llanto. Tenía un nudo en la garganta y los ojos húmedos. Las 600 calorías diarias lo tenían hipersensible y maricón. Le temblaba la panza debajo de la remera desteñida del Racing Club.

Sonó un celular. Antes de atender el Coqui levantó la mano pidiendo silencio.

-Sí, acá con los muchachos. Un ratitio nada más.

La mesa estaba muda. El tren hizo sonar una bocina que pareció la de un transatlántico. En el televisor repetían los goles de Velez – Arsenal en cámara lenta.

-Sí, sí, claro que me acuerdo. Dos de verdura y dos de ricota y una bolsita de queso rayado. ¿Mucha cola? No te preocupes, espero, total hoy es Domingo, no tengo nada que hacer.

Nos miraba pidiendo disculpas. Ya se sabe que entre monos eso no es necesario.

-No mami un tecito me tomé porque estaba medio pesado ¿viste? Mejor preparame algo livianito para el almuerzo.

Cortó. Le chifló al cuida-coches.

-Tomá pibe traeme esto de la fábrica de pastas, acá te lo anoté en la servilleta. Los demás también le encargaron 3/4 de flautitas, un pollo de granja y la revista de Utilísima suplemento pastelería.

El gordo Zamudio comía atormentado recuperándose de una hambruna de casi una semana. Se puso de pié. Eructó. Levantó el porrón en dirección a la monada.

-Muchachos, sin ustedes…, sin ustedes mi vida sería una mierda.