Diosa cautiva

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womanrealisticAlgunas noches no sé que busco. Pero casi siempre la encuentro. Ella piensa que nadie la desea y sufre por eso. Yo le digo que es cierto y que soy el único antídoto para ese veneno. Ella me cree, aunque no sea verdad. Entonces se ciega a las miradas ajenas y se aferra a mí como a la última playa.  Baila desnuda sobre la cama. Sus pies se hunden en el colchón y el cuerpo rebota con una gracia divina. Baila “Jumping Jack Flash”, en la versión Bossa and Stone. Es una diosa tártara abandonada a su suerte en una calle cualquiera. Intuye que no es éste su lugar, ni su tiempo. Pero no conoce los motivos. Extraña los templos que nunca ha visitado y los ritos sagrados que no puede nombrar. Baila y llora porque supone que nadie la mira, que nadie la quiere. Sabe que –para una mujer- el deseo de un solo hombre es casi nada, o aún menos.

–          ¿Me harías un favor?

Se detiene. De pie sobre la cama, me mira. Ambos sabemos que ya no tiene voluntad para conceder o negar nada. Simplemente agradece lo que recibe porque supone que nadie quiere dárselo.

–          Pedime que no te mienta.

–          No puedo. Le temo más a la verdad que al engaño.

Baila. Otra vez. Ya no me escucha. Cierra la jaula donde la tengo cautiva. Y me entrega la llave.