Duerme, duerme, negrita…

Mercedes Sosa, inolvidable

Una despedida emocionada para alguien que no se irá jamás. El adiós a una mujer que ingresa en la memoria colectiva.

Vos ya lo sabías Mercedes,  la muerte es la frontera de las palabras, es su límite implacable. Esta mañana de sol tremendo el cielo no tiene ni una nube y  amanece un escándalo de luz, precisamente esta mañana Mercedes, sus alas negras te rozaron los talones.  Ahora mismo, tan temprano, mi mujer se ha encerrado en la habitación para llorar a solas, mi hijo acaba de llegar de una noche de parranda y me pregunta por qué nos duele tanto. ¿Qué puedo decirle? ¿Cómo contarle estos años de emociones, de desdichas y alegrías que vivimos arropados por tu voz?  Le dije que ya habías estado muerta antes. Cuando la barbarie te impidió volver al único lugar donde tu vida era posible.  Que a su madre y a mí nos resulta muy difícil encontrar un momento de la historia de la que él procede sin que vos hayas estado allí. Que sentíamos una deuda que ya no podríamos saldar, una imposible de pagar porque lo que habíamos recibido no tenía precio ni cantidad. Que cuando los miserables o los idiotas decidían por nosotros qué era bueno y que no lo era  vos seguiste cantándonos al oído mientras afuera todo era noche de terror y de silencio. Que te acercaste para besarlos en la frente a todos cuantos fueron víctimas de quienes le exigen al talento certificados de salud y buena conducta. Vendrán días de homenaje y protocolo. Yo me encerraré en el desván de la memoria a escucharte acurrucado a mis recuerdos. Volveré a sentir la emoción del primer día y me permitiré guardarte para siempre tal como yo te quiero. Así, estallando en  millones de Mercedes incrustadas en el alma de tanta gente, nos estaremos burlando de la ausencia brutal con que nos amenaza la estúpida muerte.