El “señor K” y yo

srKcirculos

 

¿A qué delito obedece la pena que nos condena a ser correctos, prudentes, fieles? ¿Yo también soy el Sr. K deambulando por los pasillos de los tribunales? ¿Quién me dirá cuál ha sido el crimen que motivó mi “Proceso”? Nos lleva la vida entera revisar los expedientes que nos condenan. No conocemos el motivo pero tragamos la culpa como un caldo amargo que nos envenena las noches. Transgredimos leyes tácitas acerca de las que nadie consultó nuestra opinión. No sería tan grave si íntimamente pudiésemos desconocerlas y la culpa te la endilgaran los demás pero no vos mismo. Lo extraño del caso es que nos sentimos culpables por violar pactos en los que no creemos. En algún momento esos códigos se nos instalaron en el cuerpo. Ahora nos torturan, cuando no nos gobiernan. Son trampas mortales donde tu deseo mete la pata como un oso tonto y desprevenido. Ellas lo atrapan y le rompen la pierna. Vos escuchás el crack de tus huesos al quebrarse. Tirás enloquecido para liberarte. Pero es inútil. Entonces aprendés a caminar arrastrando tu pierna rota dentro de esa trampa de acero. Vas por la vida rengo y puteando. Hacés lo mismo que pretendían evitar. Pero te cuesta el doble. Y lo disfrutás la mitad. Está bien. Es lo que hay. Sería mucho peor que no te animaras a asomarte por donde no se debe caminar. ¡Muérdanme la carne trampas malditas! Mis pies las usarán como a un zapato ortopédico. Arrastrándome de dolor, las obligaré a recorrer el territorio que me querían prohibir. Tendrán que matarme para verme muerto. Yo no soy un cadáver viviente. Castrado y feliz trotando por su caminito estrecho. Dando vueltas en círculos sin salirme de la senda que ustedes pintaron con mi sangre sobre el piso. Recorriendo con pasos prudentes el jardincito de mierda donde me condenan a vivir. Las arrastraré por burdeles y hoteluchos. Me verán ebrio, intoxicado y desnudo. Las voy a insultar todos los días aunque sean sordas. Y la última noche, justo antes de que me derriben para siempre, voy a sembrarles de semen el vientre. Y a preñarlas de un monstruo.

 *Imagen Gilbert Gracin
  • Ana

    jeje, lo más loco del tema es que, cuando ignorás, violás y transgredís esos pactos no consentidos, esas leyes tácitas, cuando adquirís la certeza de que son solamente construcciones para lograr justamente derribarte antes de tiempo, para convertirte en un muerto en vida, justo allí es cuando te das cuenta de que la transgresión cuando deja de ser transgresión pasa a ser una rutina más, allí y solo allí empeza´s a respirar….

  • Rpiegaro

    “No conocemos el motivo pero tragamos la culpa como un caldo amargo que nos envenena las noches” .

    Es como la sombra que proyecta nuestro cuerpo. No la creamos, pero es nuestra. “La” nuestra. Unica e irrepetible.

    Algunos dicen que es posible deshacerse de la propia sombra. Ignoro los
    mecanismos de tal suerte y en realidad dudo de esa posiblidad. Pero me
    parece que para sembrarles el vientre de semen vas a tener que
    violarlas. No suelen ser fáciles.