Fugitivos

ciudadenelaire

En días como el de hoy los hombres tristes nos llamamos a silencio. Nos tapamos los oídos. Nos cubrimos los ojos. Bajamos a las ciudades subterráneas donde los desesperanzados labramos túneles como topos. Senderos que no conducen a ninguna parte. Caminos de noche y de silencio que giran sobre sí mismos en un laberinto sin salida. Huimos del estruendo y de la alegría. De los abrazos y de la fiesta. Bajamos al subsuelo del mundo donde nadie nos exige la ortopedia de la esperanza. Nos arrastramos desnudos y en cuatro patas con la boca llena de tierra.  Arriba quedan nuestros zombis. Siluetas vacías. Muñecos sonrientes que soportan la pirotecnia de los buenos augurios porque no tienen corazón. Ellos cruzan la frontera del calendario mostrando el pasaporte de la ilusión. Nosotros no creemos en las fronteras. Hemos quemado nuestros salvoconductos en las puertas de los templos. No sabemos bailar. Somos inmunes al merengue a y la guaracha. No tenemos nada para dar. No deseamos nada. No sabemos querer ni dejar que nos quieran. Esperamos a la muerte con los brazos abiertos. No nos quitará nada que ya no hayamos perdido.  A veces alguno descorcha una botella del licor amargo de la memoria. Bebemos sorbos pequeños de ese líquido sombrío. Después nos derrumbamos sobre el piso ebrios de derrotas. Cada uno describe a la mujer que nunca tuvo. Al sueño que jamás soñó. Al futuro que siempre le ha sido ajeno. Comemos con las manos lombrices y hormigas culonas. Gritamos hasta quedarnos sin voz. Sonidos primitivos, anteriores al lenguaje. Después nos invade el silencio. Llegan amortiguados los ruidos de las explosiones, los destellos de los fuegos artificiales, el tic tac de los relojes, el chocar de las copas de cristal. El eco lejano de tus pasos bailando sobre la cubierta del Titanic.

  • Ana

    Bello texto, como siempre.
    Igual, de vez en cuando está bueno no ser tan inmune al merengue y a la guaracha y ser un poco más inmune a la desazón y la tristeza.
    Sé que es reticente a los buenos augurios también, pero igual le deseo de corazón un gran 2012.

  • Aflichten

    Gracias Ana, feliz año para vos también. Si no puedo con la tristeza probaré con el merengue. Te lo prometo.