Jarabe Olguín

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¿Estabas harto de esa literatura que gira alrededor de quien la escribe? ¿De novelitas onfalocéntricas, lamentantes, pajeras y psicoanalizadas? Yo también. Por eso espero con ansiedad cada nuevo libro de Sergio Olguin. Ya nos había estremecido con su novela anterior: “Oscura monótona sangre”. El tipo suda calle, barrio, periferia. Cuenta hechos y construye personajes de un modo frontal, sin los circunloquios de los adoradores de la lengua ornamental y la masturbación compulsiva. Acá el que lee ve con los ojos de las palabras. Acá los cuerpos se aplastan, se muerden, se cojen, se sufren y se gozan. El ferrocarril Sarmiento atraviesa el relato como un río arrasador donde flotan los ahogados. Se enfrentan el mundo cool y delicado de los libros y la universidad con el áspero ambiente ferroviario y el de la marginalidad más aberrante. El periodismo, la corrupción, la miseria del poder y la complicidad. Los turbios pasillos que conectan la política con el crimen. El morbo de la sangre y un jueguito monstruoso que provoca a la muerte. El drama contradictorio y fatal en que vivimos actuado por cuerpos que se desean hasta la sangre y el esperma. Podría haber titulado a su novela: “Morir en el Sarmiento”. Hubiera hecho felices a los ejecutivos de marketing que se alimentan de cadáveres y de títulos de mierda. Pero no lo hizo. Si tenías los huevos llenos de nenitos y nenitas Puán 480, de hijos putativos de Sarlo, Panesi y Link, si te pasaba lo mismo que a mí, entonces, te receto este jarabe. Es el antídoto perfecto. ¡Que lo disfrutes!

  • Sos un capo. Odio a César Aira y sus novelitas llenas de kitsch afeminado.