Las delicias

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Hay una larga lista de cosas que te hacen la vida más feliz. Salir de paseo, cenar con amigos, ir al cine o al teatro. Reunirte con tu gente en cumpleaños, casamientos, bautismos, aniversarios. Bailar, cantar, hacer obritas de teatro casero. Jugar a “dígalo con mímica”, al truco o a la escoba de quince. Coincidir alrededor de la mesa de la cocina para tomar mate y comer bizcochitos “Nueve de Oro”. Hacer un asado que comienza a las diez de la mañana cuando vas a comprar el carbón y el pan. Prender el fuego charlando sobre el nuevo campeonato de fútbol mientras te tomás un Cinzano con ingredientes. Las largas sobremesas repletas de anécdotas de la infancia. Las reuniones de ex compañeros del colegio o de la facultad. Salir de compras el domingo por la tarde a Paseo Alcorta. Lavar el auto sobre la vereda escuchando el partido a todo volumen. Regar las plantas. Plantar “alegrías del hogar” en prolijas matas multicolores. Arrancar con la mano los yuyos malos del jardín. Visitar a la tía vieja. Pasear el perro con una bolsita para recuperar sus excrementos. Sentarse en el living y mirar la tele comiendo mediaslunas calentitas y bolas de fraile de crema pastelera. Preparar una receta que viste en el canal Gourmet durante todo el día para agasajar a la familia por la noche. Leer las revistas dominicales de los diarios. Pintar el cuarto de los chicos. Revisar catálogos de decoración de interiores para elegir las nuevas cortinas. Hacer planes para las próximas vacaciones. Analizar los precios de los autos en los clasificados de Clarín. Ordenar fotos viejas escribiendo al dorso con marcador azul el año y el lugar. Mirar los videos de las fiestitas del preescolar. Juntar en bolsas de consorcio ropa y juguetes viejos de tus hijos para llevar al comedor “Los piletones”. Cambiar los cuadros de lugar buscando la mejor luz para cada uno. Comprar una cheesecacke en la panadería y aparecerte de visita en casa de la abuela. Cosas sencillas que hornean tus días al calor de los afectos y la cercanía de los otros. Paraísos domésticos que te confirman quién sos. ¿Cómo no iba a comprenderlo? Lo entiendo perfectamente. Pero, por favor, no me rompan las pelotas. Déjenme solo. Yo no quiero nada de eso.