Merry Christmas

papanoel.triste

Afortunadamente el tremendo desasosiego y la infinita tristeza de estos días se han ido transformando en una saludable hostilidad. Ahora odio. Se me ha encendido una violencia homicida. Una furia incontenible que arrasa todo lo que toca. Escupo fuego. Miro alrededor y ardo. Reprimo la náusea de los buenos augurios. Cierro los puños crispados sobre la memoria de las reuniones familiares.  El horror de la mesa compartida. El espanto de los villancicos y la pirotecnia. El ladrido de los perros acosados por el estruendo. El estampido de los corchos. Los ríos de espumante corriendo sobre el mantel de Brujas de la abuela. El vómito de los borrachos melancólicos. Los tíos gordos disfrazados de Papá Noel oliendo a sudor y a clericó. El pino del jardín repleto de guirnaldas y bolas luminosas. El aroma de la pavita al horno llegando desde la cocina desde las diez de la mañana. El repugnante sabor de la garrapiñada persistiendo en grumos minúsculos sobre mi lengua. El calvario de la fruta abrillantada. La pétrea obstinación del turrón con almendras. La noche aturdida de voces que no dicen nada. Interminable. Los gritos de mis primos esperando a un tonto en el que nunca creyeron. La ansiedad de retardado de sus padres. El ruido del papel celofán desgarrado con urgencia sobre el parquet del living. El flash de la cámara sacando fotos que nadie mirará jamás. Basura. Un infierno de conversaciones domésticas y cocina escandinava. Recuerdo el horror con que miraba estas escenas a los cuatro o cinco años. El mismo que me hacía correr despavorido cuando detectaba amenazas de mi fiesta de cumpleaños. El mismo que siento ahora. Siempre ha sido así. La dulce tía Julia me agarraba de la mano cuando nadie nos miraba. Me abría la puerta de su cuarto, me daba un ejemplar destrozado de Papaito Piernas Largas y me decía: -“Escondete acá y leé, a mi tampoco me gusta esta payasada”. No me molestaría nada que la gente sea feliz como prefiera. Incluso de un modo tan estúpido. Pero insisten. Es imposible escapar al clima general. Ustedes hagan lo que quieran. Pero no me obliguen. Dejen de ofrecerme los mismos argumentos idiotas con los que me persiguen desde que era un pibe. Diviértanse como más les guste. Pero no se atrevan a incluirme. O los voy a matar a todos…