Mundo “huevo”

papa.bañabb

Hombre.bañaBB¿Alguna vez te imaginaste cómo sería un mundo sin mujeres? No habría conflictos por el modo en que cada uno ve el mundo. Ni deseos prohibidos, ni traiciones, ni tentaciones, ni desigualdades vergonzosas. Tampoco existirían los turros que fajan a las minas. No habría que responder a reclamos permanentes por cosas que no te importan. Ni que mear con la tabla del inodoro levantada. Ni que llevar la ropa sucia al canasto. Nadie recordaría tus pequeños errores durante décadas. No revisarían tus bolsillos, ni tu correo, ni olerían tu camisa buscando rastros como un mastín inglés. Nadie te pondría en una dieta de sexo imposible que cumplir. No tendrías que soportar todos los meses cinco días de humor lunático y sangrante desasosiego. Ni soportar que un extraterrestre de cincuenta centímetros ordeñe unas tetas que antes eran tuyas. Nadie te pasaría facturas por hechos que vos ni siquiera podés recordar. Podrías usar el aire acondicionado del auto o de la habitación sin culpa. Sentir calor cuando hace calor y frío cuando hace frío. Beber cerveza en tazas de té. Dejar la puerta abierta del placard durante la noche. Acumular platos sucios en la pileta de la cocina durante una semana. Comer en la cama mirando el fútbol. Rascarte los huevos sin que te digan que sos un orangután. No existirían ni Luis Miguel, ni Chayenne, ni Marco Antonio Solís. No traicionarías a nadie, porque no habría a quién, ni con quién. Nunca te sentirías miserable. Ni injusto. Ni degenerado. Nadie te diría: -“No papito, por ahí no”– No deberías entender una cosa cuando te dicen otra. Ni satisfacer pedidos que nunca te hicieron. Ni adivinar. Ni pensar en círculos. Ni darte cuenta de que alguien tiene su visión central en la periferia. Dejarías de ser ciego a un mundo que ellas ven con toda naturalidad. No te avergonzarías por no encontrar la mayonesa en la heladera cuando se encuentra a veinte centímetros de tu mirada ciega. No tendrías que escuchar mil palabras acerca de un tema para el que diez son un exceso. Podrías entender “No” cuando te dicen No y “Sí” cuando te dicen Sí. No estarías obligado a descubrir imperceptibles transformaciones del peinado o sutiles cambios de perfume. No te sentirías siempre en falta, siempre primitivo, siempre libidinoso. No te verías obligado a insertarte una agenda calendario de fechas tontas en el cerebro. Nadie te condenaría a penas de silencio forzoso por delitos que no te aclaran y que vos ni siquiera recordás haber cometido.  Podrías atrapar moscas con la mano y patear sapos en el jardín. Tus amigos del alma dejarían de ser una banda de facinerosos. Podrías pensar en nada en sillón del living sin que nadie te pregunte qué te pasa y no te crea cuando le decís: -“Nada, no me pasa nada”. Leer el diario en la mesa mientras cenás. Dejar las huellas de tus pies entalcados señalando el camino entre la ducha y la cama. No sé, ayudame a imaginarlo. Tal vez ese mundo de hombres resulte posible. Pero yo no quisiera vivir en él.

Daniel Flichtentrei

* Imagen: Eugene Richards