Olvidar es otra cosa

mujer,cabello

Hay una receta infalible. Juntá diez hombres a más de cien km de casa. Dejá que caiga la noche y que se sumen las copas. Todo se llenará de voces, de humo, de muslos. El tipo estaba borracho, muy borracho. Tenía una nena sentada en las rodillas. Parecía muda o tonta. Ausente. –“Contame chango, pero sólo los hechos. Nada de sentimientos, no me interesan”. Y le conté. Le hice la enumeración de las cosas ocurridas durante las últimas semanas. Todo. Tal cual. Hasta la conversación de esta noche. Sin agregados. Sin adjetivos. La verdad desnuda. –“Yo analizo, encadeno, busco causas y consecuencias. Es mi laburo y soy muy bueno en eso”. Me quedé mirándolo. Esperaba su respuesta. Sobre la barra dos chicas bailaban en el caño. Desnudas, delgadas, tristes. Se agachaban hasta casi sentarse en el aire y abrían las piernas con la mirada perdida en el horizonte. Una mata de vello triangular recibía un chorro de luz que parecía incendiarla. La escena era patética. Desangelada. Ginecológica. El tipo seguía concentrado. Medía cada suceso de mi narración. Hacía movimientos afirmativos con la cabeza. Antes de hablar metió su mano en el escote de la piba. Le pasó la lengua por el cuello. Después se quedó mirándome. –“Te miente hermano. Esa turra te está cagando. No tiene sentido lo que hace. Alejate”. Le pedí otra copa. –“¿Te parece?”, le pegunté. –“No tengo dudas. Te dije que soy un experto. Olvidate de esa yegua. Para putas mejor de éstas”. Me dijo tomando a la minita del cabello obligándola a poner su cara delante de la mía. Nos miramos. Hasta ese momento no le había escuchado la voz. –”Tiene razón muñeco. No seas tonto”. Me dijo con una seguridad que no esperaba de ella. Salí. El hombre me corrió hasta la vereda con una rubia de la mano. –“Llevátela tío. Es la Maricarmen. Con esta pastillita te aseguro que se te vuelan todos los pájaros de la cabeza. Es un regalo de este varón. Tocala un rato y se te pasa todo”. Era casi adolescente. Lívida de noche. Anémica de sol. Bellísima e inexpresiva. Me dio un beso. Llevó su mano a mi bragueta. –“Gracias preciosa, pero esta noche quiero estar solo. No faltará oportunidad”. Me alejé. Antes de llegar a la esquina el tipo me gritó. –“Haceme caso amigo, sacátela de encima. Te miente”. Lo saludé con la mano en alto. Volví caminando al hotel. Compre un Baggio multifruta en el minimarket de una YPF. Me lo fui tomando por el camino. Enumeré otra vez los hechos para mí mismo durante varias cuadras. Hasta la conversación telefónica de esta noche. Me di una ducha. Me asomé a la ventana desnudo. Fumé un cigarrillo. En el boliche de enfrente chicas y chicos conversaban a los gritos sobre un fondo de Groove Armada. Sobre la cama había dos tabletas de chocolate. Pensé en guardarlas para llevárselas de recuerdo. Me las comí. Antes de acostarme había llegado a una conclusión. El tipo tiene razón. Pero olvidar, olvidar es otra cosa.