Spleen de domingo

Algo muere cada tarde de domingo. Mientras baja la noche te infecta una lucidez crepuscular. Una inteligencia mortífera te escupe la verdad sobre la cara. A esta hora todo se cae. Se desnuda lo que el simulacro diario esconde. La tarde huele a sepultura y a fracaso. Podrías resignarte sin quejas al final de todas las cosas. Pero lo que aterroriza es la resurrección. Lo que estremece es la conciencia de que mañana empezarás de nuevo. Como un Sísifo idiota remontarás la semana cargando una piedra que volverá a rodar cuesta abajo a esta misma hora siete días más tarde. Te vas a emborrachar con esperanzas como una ortopedia inútil, con logros triviales y alegrías mentirosas. Pero el próximo domingo nadie te dará tu dosis. Una mano enorme te doblará la cabeza. Te obligará a mirar a los ojos a la soledad, a lo irremediable. Al absurdo de la voluntad, al espejismo del futuro. Te morderá los talones el infierno del reposo. El domingo prueba que nada tiene remedio. Te lame la espalda una morriña de infancia. El olor de la cocina de tu madre, la barba de tu viejo raspándote la cara, la boca de una mujer que nunca has merecido. No hay antídoto. Es un veneno irrenunciable. Un ensayo general para la muerte. Te obliga a escuchar sus pasos. Un recuerdo del futuro. Para que no te olvides de donde has venido. Para recordarte, como un espejo obstinado y cruel, hacia donde vas. Inexorable y ciega. No importa lo que creas, no importa lo que hagas.

  • georgie

    duro pero cierto

  • Milagros

    Lo bueno es que podemos resucitar el
    lunes y fingir que ese anticipo no ha existido.

    Saludos, ¡y muy buen blog!