Una niña pequeña con unas alas enormes

tauajes80

tauajes80¿Quién decide cuándo una vida es corta o es larga?

"El tipo maduró pronto y se pudrió bien temprano, un barro que asfixia esa anguila es la salvajada" J. C. Solari

Lara tiene 14 años y muerte cerebral. Un mezcla mortífera de estimulantes y ketamina más una buena dosis de “gomazos” en el lomo que le aplicaron en la comisaría del menor. Terapia de resocialización en manos de una tropa de primates. No tiene opciones, está muerta. Hoy leí su cuerpo como un jeroglífico de tatuajes mientras su novio me descifraba el significado de cada uno de ellos. Como en las paredes de un templo hindú estaban allí los íconos de sus pasiones púberes. Una galería de amores enanos. Como casi todos, triviales y falsos pero que la sostuvieron el corto tiempo en que el mundo la maltrató hasta matarla. Estaba “el Diego” sobre su omóplato derecho, el “Che” en el izquierdo, las cadenas de “Oktubre” sobre el brazo debajo de una cicatriz larga y anfractuosa de una navaja. Una serpiente justo donde termina el hombro, una mujer -desconocida para mí, pero que se llama Gilda- entre sus pechos incipientes, dos alas de pájaro que le nacían desde los omóplatos

El pibe le trajo un par de zapatillas nuevas, impecables. Por lo que intuyo, robadas. Me preguntó si podía ponérselas y lo hizo. Dijo que ella siempre las quiso y que ahora ya las tiene y que nunca es tarde…y todas esas cosas. Me pidió permiso para besarla como si fuese de mi propiedad. Se quitó sus auriculares y se los colocó a ella. Puso el reproductor debajo de la almohada y apretó play: “se lo grabé anoche: Intoxicados y la Agrupación Marylin, le va a gustar”. Pensé que se trataba de un diagnóstico y de un grupo de ayuda mutua pero no me animé a preguntar. Lo saqué del hospital acostado en el asiento trasero de mi auto porque, según me explicó, “el poli de la puerta me anda buscando por unas pendejadas”. Se bajó en la esquina. Caminó unos pasos y volvió. Se asomó a través de la ventanilla y me dijo casi al oído: “Alguna vez voy a ser yo el que esté en esa cama, pero no habrá nadie que me venga a ver. Guardame esa música y me la ponés a mí cuando me toque. Así los dos nos vamos a ir de este ifierno escuchando a música que nos gustaba escuchar juntos”. Le prometí que lo haría y le pedí que se cuidara. Lloraba. Entendí que yo no entendía muchas cosas.

Hace unos minutos me despedí de ella. Le epreté la mano helada. Le acaricié la frente. Sequé un hilo de baba blanca que se escurría desde su boca. Bajé su párpado izquierdo que desnudaba un ojo ausente. Enorme y azul. Le hablé sin mover los labios para que pudiera escucharme.

¡No puedo hacerlo chiquita! Nunca pude. Ya sé que estamos prolongando este tiempo vacío. No te enojes. Son siglos los que me atan las manos. Voces que me llegan desde el fondo de los tiempos. Yo no creo en ellas, pero me gobiernan.

Cancelaré a estos imbéciles que se empeñan en impedir que tu vieja haga de vos un ángel. Les taparé la boca cuando le llenen las manos de motivos, de culpas, de causas y explicaciones. Ella no quiere escucharlas. Calla. Más tarde, en silencio, vuelve a construir tu falsa biografía. Rehace la historia a su gusto. De esa oscura manera te rinde su homenaje. Después algún idiota vuelve a abrir la puerta y le cuenta otra vez la historia que ella se empeña en borrar. Los institutos, las sustancias, las fugas, el sexo imprudente, el combustible químico que te consumió tan temprano. Les cerraré la boca. Te lo prometo. Voy a dejar que tu mamá haga de vos un ángel de fantasía que la acompañe para siempre. No voy a permitir que estos súbditos de lo real le arruinen su fábrica de recuerdos inventados. Ahora teje la trama con la que te va a recordar el resto de sus días. Te inventa tal como te soñó en su vientre. Yo sé que te dejarás moldear como si fueras de arcilla para ofrecerle tu último regalo. Permitirás que te invente la historia que hubiese querido y no lo que te obligaron a vivir. Te guardará en sus sueños como a un barco en una botella. Dejaré entrar al padre Rafael, pero sólo por que ella me lo pide. Pero me pararé ante él y le diré que si te toca, que si te habla, que si te condena o te perdona, saldrá de acá con una patada en el culo. Te defenderé de su perdón como de la peste. Porque te conozco. Porque ya estuvimos juntos antes. Porque me contaste, sin que se te escapara una sola lágrima, la hisotria de esa sombra negra que algunas noches te visitaba en el Instituto. Vos te quedabas quietita como una muerta. Y esa mano pesada, y esa saliva espesa, y ese olor a incienso y a vino. Y tu palabra secreta diciéndote hacia adentro “mamá” sin emitir un sonido. Mil veces “mamá” como si esa palabra fuese un conjuro contra el horror del mundo. Entonces, por primera vez comprendiste que la soledad era un destino y que nada tenía remedio. Porque me contaste esa y tantas otras cosas hace pocos meses cuando aún podía reparar las heridas de tu cuerpo y devolverte allí donde volverían a lastimarte. Cada vez con mayor ferocidad. Y lo sabía, ¡juro que lo sabía! Y aún así te dejé ir.

No es mucho lo que tengo para ofrecerte, ya lo sé. Soy tan pequeño. Soy tan inútil. Soy tan ajeno al coraje con que enfrentaste el pogo mortal de estos pocos años. Aquí, en Liliput, todos somos enanos. Crueles, insensibles, encarnizados. Muertos de miedo. Acá no se permite morir. Después de todo también soy uno de ellos. Lo lamento. Es mi límite. No puedo hacerlo chiquita. Tendrás que hacerlo vos. Estarás sola, otra vez. Pero, te lo prometo, esta será la última.

  • Albi Morales

    Dr Daniel, un relato muy conocido por muchos- quienes caminamos en el ámbito de salud contado con tanta humanidad y calidez como lo hace ud. Un saludo en la distancia.

  • Claudiababich

    No es la primera que leo este relato ,me sigue emocionando 

  • Claudia

    Relato lleno de poesía,de una realidad triste pero que la vemos diariamente,en una sociedad absolutamente cruel y llena de hipocresía.