Vía de escape

night-train
Todas las soluciones son falsas. Cuando estás atrapado, estás atrapado. Con el resto de lucidez que aún te queda, maltrecho y agobiado, ves con una claridad que nunca tuviste antes que todos los recursos eran un engaño. La esperanza es una ortopedia inútil. Se disuelve la niebla. Al contrario de lo que siempre te han dicho, es en la derrota cuando las ilusiones desnudan su mentira y la soledad se revela brutal e irremediable. Ya no podés manejar nada. No es que hayas perdido la brújula. Es que ya no crees en lo que señala. Estás a la deriva. Sin rumbo. Porque todas las direcciones conducen al mismo lugar. Acá a los cuentos de hadas nadie se los cree. En este preciso lugar, en este momento, la terapéutica es un enano impotente y fanfarrón. Un caníbal desdentado enseñando a masticar. No tiene nada de extraño ahogarte en un vaso de agua cuando te has reducido al tamaño de un microbio. No es tristeza. No es cobardía. Es que estás vencido. Simple. Rotundamente. No sabés pedir ayuda. Pero si supieras no te serviría de nada. No hay remedio para lo que no tiene remedio. No hay salida. Estás dentro de un laberinto. Todas las puertas son trampantojos. No es el modo en que ves el mundo, es el mundo. De acá no es posible salir. Entonces los optimistas y los pedagogos te tienden la mano. Pero las tienen vacías. Ellos no lo saben, pero su gesto bienintencionado es la pala repleta de tierra que te hunde un poco más. Algo se te rompe en el pecho. Una amenaza te recorre el cuerpo. La sentís. Como el temblor de la tierra que anticipa al tren. Lo ves venir. Hace sonar su bocina histérica gritándote lo que ya sabés. No podés correrte. Ya no querés hacerlo. El círculo de luz se agiganta. La distancia se acorta. Esperás el sacudón del terror y la voluntad de la vida. Pero te llegan la serenidad del alivio y la levedad del dolor que te abandona. Esperabas una mueca de espanto, pero se te dibujan en la boca la felicidad del final y el abrigo de la noche. El estruendo que avanza, la luz que te enceguece, la bocina que no se calla. No hay nada más real. El resto es sombra y fantasía. Entonces le das la bienvenida. Cerrás los ojos y le abrís los brazos de par en par. Esa mole que se acerca a la carrera. Esa, es tu única esperanza.