Apuntes desde la Unidad Coronaria

doctor.cateterismofemoral

Sudan, les duele el pecho. La muerte los toca con el dedo. Avanzo con el catéter y todo alivia. “Gracias”, me dicen. “Es lo único que sé hacer”, les digo.

Miran el techo. Se preguntan cómo han llegado hasta acá. Ellos los saben y yo también. Pero nos mordemos la lengua. Mejor no hablar de ciertas cosas.

Los tipos le piden a sus esposas que los afeiten y que les cambien el calzoncillo. Que los ayuden a orinar en el papagayo y les corten las uñas de los pies. Ellas les pasan after shave y gotitas de colonia de pino por el cuello y la espalda. Les dejan una botella de agua mineral y un paquete de Criollitas sobre la mesa de luz. –”No te mueras”, les piden. Ellos les dicen que no se preocupen, que no pasa nada, que todo andará bien. Que no tienen miedo. Que cuiden a los chicos, que vuelvan a la casa a descansar.

Más tarde, casi de madrugada, llegan unas mujeres con pañuelos sobre la cabeza y anteojos negros. Avergonzadas y clandestinas. Me piden que les permita verlos aunque sea unos minutos. Casi no se hablan. Se miran mientras ellas les acarician la mano. Cada tanto se estiran sobre la cama y los besan en la frente. Parecen hipnotizados, los dos. –”No te mueras”, les piden. Les dejan un Bonobón y una carta manuscrita debajo de la almohada. Ellos les dicen que tienen miedo. Que no saben qué va a pasar. Que por favor los abracen. Que no los dejen solos. Ellas los aprietan y les cantan una de Arjona al oído. Los tipos les clavan los ojos en las nalgas mientras las miran salir de la sala en puntas de pie.

Leen la carta con la boca abierta. Varias veces. Estremecidos. La rompen en pedacitos prolijos y simétricos. Me preguntan cómo salió Boca. Me piden un sedante. Se tapan hasta la cabeza. Les apago la luz. Mientras me alejo, los escucho llorar debajo de las sábanas.

  • Cecilia

    ¿Por qué no tienen los huevos para dejar a la mujer, si prefieren tanto a la amante? Que no se hagan los pobrecitos, les sirve usar a las dos, que lo asuman.