Arrojar al bebé junto con el agua de la bañera

bebeventana

Estoy un poquito hinchado las pelotas de casi todas las cosas. De las creencias, de las ideologías y de las disciplinas cuando se ejercen como religiones. Las doctrinas te ciegan a lo real. Las sobreinterpretaciones fabrican sus propios munditos. Es muy curioso que los más “lúcidos” confundan lo que creen con lo que “es”. Se puede ser un pelotudo de muchas maneras. Pero ésta es casi insuperable. Tengo una enorme ventaja sobre ellos. Yo no creo en casi nada y lo que “es” me acorrala contra la pared, me aprieta los huevos, me señala la jaula sin puertas en la que estamos condenados a vivir. Yo no tengo nostalgia del pasado. Lo que extraño es el futuro. Y vos ya sabés cual es la única cosa segura que nos espera en ese lugar. Lo que nos aterroriza no es su incertidumbre. Es la certeza de que  es irremediable.

Vemos a personas que padecen decenas de veces al día. Es tan superior el modo profano en que ellos viven su dolor a las interpretaciones arrogantes que los expertos hacemos de él que avergüenza. Por qué no nos dejamos de joder pidiéndole a la gente lo que no puede hacer. Por qué no terminamos de llenarlos de imperativos que proceden de nuestras propias creencias pero no de su realidad. Por qué no los acompañamos sin acusarlos. Por qué no los cuidamos de ellos mismos, pero también de nosotros. Por qué no dejamos de disciplinarlos hasta obligarlos a ajustarse al modelo que nos orienta en lugar de facilitarles el que ellos mismos proponen pero no pueden alcanzar. Cuando alguien sufre busca en el mercado de las interpretaciones del padecimiento cuál comprar. Se lleva aquella en la que confía, o la única que conoce, o aquella a la que tiene acceso. Me tienen harto los pastores de la felicidad por decreto, de la alegría imperativa. Los que tienen explicaciones pero no pruebas, los satisfechos con su propio vacío, los jueces y los gendarmes de lo correcto, los talibanes del optimismo, los exitosos sedientos de aplausos.

En las facultades de medicina –y tal vez en otras- deberían entrenarnos en comprender historias. Pero en lugar de eso nos capacitan para extraer de ellas los signos de lo que consideramos importante. El resto se descarta por irrelevante, se lo considera un puro ruido comunicacional. Entre los profesionales y la enfermedad, muchas veces el enfermo es un obstáculo a sortear. Eso es ciencia del siglo XIX, o del XX pero pasada a través de la cabeza de un tarado. A veces creo que estamos haciendo lo mismo que algunas madres de la Inglaterra victoriana: arrojamos por la ventana el agua sucia de la bañera junto con el bebé que acabamos de bañar.

  • Ana

    Qué producción Daniel!
    Estás un poquito hinchado las pelotas? Yo no tengo pelotas, pero por esos vericuetos de lo simbólico me las he arreglado para tenerlas muy hinchadas de todo dogma. Los paradigmas me asfixian. Me siento una rea metafísica. La facultad de medicina me otorgó certezas¿¡?! que tiré una a una por la ventana junto con el agua sucia. La facultad de filosofía me enseñó a argumentar para defender las certezas, jeje, pero como bien has escrito, la única certeza que nos espera en el futuro es la muerte. Afortunadamente en todas las paredes de la vida encontré fisuras, por allí me fui metiendo y “de mientras” meta vivir nomás….

  • Caray con las madres victorianas. Me trajo aquí, y esto debería bastar como toda carta de presentación y hasta de recomendación, la médica psiquiatra Ana, a quien conozco por mi propio blog (http://albumdetiempo.blogspot.com) y por suerte. La próxima vez ya vendré yo sola y hasta puedo traer una botella de güisqui o un poco de té, según se tercie.

    La Medicina, con la que también tengo contacto, es un buen espejo donde se proyectan todas las fantasías y fanfarronadas de nuestra sociedad, desde la pijociencia hasta una neosuperstición basada en la ciencia a su vez. Un par de veces tuve ocasión de dejar de trabajar en un hospital para irme a la Universidad y las dos veces lo deseché, porque un hospital me parece más real (no porque aquí no lleguen las garras y las hieles y las mieles de la magnífica universidad). Un día hablaré o haré un post o contaré cual es la afirmación dicha por una médica que más me ha convencido y puesto en el “buen” camino.

    Un auténtico placer.
    Marta D. S.

    P.D. Eso de que Ana no tiene pelotas… me temo que. Bueno, en fin, no quiero ser indiscreta.

  • Y según Chesterton la otra certeza son los impuestos. Un día te cuento que me quiero hacer un panteón (primero tengo que reformar la cocina) y es posible que incluso vaya a visitarme de viva.