“Un caníbal desdentado enseñando a masticar”

dr.reza

Es muy curioso el modo en que algunas historias culturales se repiten. Nadie duda de que la medicina sea una disciplina humana que requiere de competencias comunicacionales imprescindibles. Hay evidencias muy sólidas que indican que un profesional culto, entrenado en sus habilidades narrativas resulta más eficiente que uno sin esas condiciones.  Los médicos necesitamos no sólo “explicar” sino “comprender” lo que les pasa a nuestros pacientes. Sin embargo existe un peligro que reaparece cada vez que algún movimiento intenta rescatar aquellas condiciones. La medicina no puede vaciarse de contenido médico. Las evidencias científicas son un insumo innegociable para la práctica clínica. Sin conocimiento no hay nada. La medicina no es, ni será jamás, un ejercicio de semiótica francesa, ni un subterfugio para la agónica letanía del psicoanálisis, ni un modo de ejercer una militancia ideológica. La literatura no reemplaza a la medicina pero es un modo fantástico de hacernos mejores médicos. Nos dota de sensibilidad para escuchar historias y para contarlas. Nadie entiende algo que no puede representarse. La dimensión metafórica y la somática no se oponen. Transitan juntas. Son siempre inseparables en cualquier fenómeno humano. La medicina es conocimiento científico aplicado con arte y sensibilidad a una persona que sufre.

Los desvíos tecnocráticos, los fundamentalismos biologicistas o la deshumanización no se resuelven con imposturas intelectuales, ni con disputas de poder, ni con inconsistencias travestidas detrás del lenguaje críptico de las sectas. Es una estupidez suponer que el cientificismo despersonalizado se cura con psicologismo enfático o con interpretaciones desaforadas.

La Medicina Basada en Evidencias es una instancia superadora del pasado. No convierte a la medicina en una ciencia pero la hace más “científica”. Sus excesos son negativos y dañinos. Pero su negación es suicida. Quien proponga enfoques novedosos también deberá construir las evidencias que demuestren su utilidad. No es posible asistir enfermos con teorías. La prueba empírica rigurosa es un requisito que sólo evitan los charlatanes.

Por nuestros consultorios pasan todos los días personas únicas e irrepetibles que necesitan ser escuchadas. Pero también están enfermas y reclaman ser aliviadas o curadas. Y para eso hay que saber medicina. Escucharlos es necesario pero no es suficiente. No sólo es imperativo replantear lo que ignoramos, necesitamos refundar lo que sabemos. Pero ninguna de las dos cosas podría justificar que nuestra práctica se despoje de conocimiento riguroso. Narrativa, humanismo, antropología, comunicación, filosofía son disciplinas que merecen ser consideras en la práctica cotidiana. Pero nadie hace un diagnóstico si no sabe en profundidad clínica y fisiopatología. Nadie está en condiciones de aplicar un tratamiento si desconoce la compleja farmacología de nuestros días. La medicina debe alimentarse de otros saberes pero al mismo tiempo no puede permitir que ellos la devoren. Somos los médicos quienes necesitamos aprender y que nos enseñen lo que otros conocen y nosotros nunca hemos aprendido. Pero es absurdo que se pretenda enseñarnos medicina. No es lo mismo dejar de lado la objetividad de la ciencia para acceder a la subjetividad de los individuos que no haberla tenido nunca.

  • Rdpiegaro

    Hace unos días colegas discutían sobre la superposición epistemológica, mezcla, combinación de terrenos de incumbencias, de complejidad, ideologismos, militancias, “ensalda-puchero-cambalache” que se genera en el abordaje de las enfermedades mentales, la patología mental, el sufrimiento mental,  y de las adicciones. Psiquiatria, salud mental comunitaria, área de adicciones etc. Un viejo “lobo de mar” espetó algo asi como…”Todo muy lindo pero acá hay colegas que no saben mirar una oreja ó que no le toman la presión a los pacientes diabéticos en cada consulta. Refutando a un conocido director técnico de futbol yo diría…”La base no está”.