Diatriba furiosa contra los cazadores de papelitos.

diplomas

¡Certifícame!

“Rockeros bonitos, educaditos,
con grandes gastos, educaditos”
J.C. Solari

Hay algunas adicciones de las que nadie habla. Manías, compulsiones, circuitos que reverberan en conductas que se repiten sin control. Pero no sólo porque no podemos detenerlas sino porque las encontramos justificadas, lógicas, naturales. Yo las padezco casi todas, pero hay una de la que estoy a salvo. Claro, ustedes me llenarán de comentarios que me desmientan, de razones que las expliquen, de argumentos que las sostengan. Pero a mí no me importa nada. Afirmo que estamos rodeados de adictos a las constancias y a los certificados. Personas, por lo demás encantadoras, que sucumben a la fascinación de los papelitos. A la recompensa inútil de obtener un documento que les diga que han hecho lo que ya saben que hicieron. No me digan que lo que buscan es que la papeleta les diga eso a los demás y no a ellos. Es mentira. Necesitan que 588 centímetros cuadrados de una cartulina berreta se los diga a sí mismos. Con el paso del tiempo el dichoso papelito pierde su función metafórica para convertirse en la cosa en sí. Ya no evoca nada más que a sí mismo. Pobrecitos, confunden el dedo que señala a la cosas con la cosa señalada por el dedo.

El logro es el certificado y no lo que él certifica. Un malentendido que a fuerza de repetirse ya no sorprende a nadie. Un signo transformado en significado. Los adictos circulan por aulas reales y virtuales. Antes de leer el programa –algo que tal vez nunca hagan- preguntan de qué modo se dejará constancia de su paso por esos lugares. Quieren ver sus huellas antes de caminar. No se les ocurre que el mejor certificado de lo aprendido es la aplicación del conocimiento del que se han apropiado. No le encuentran más objetivo al esfuerzo por aprender que el de recibir un documento que diga que lo hicieron. No conocen la satisfacción por el esfuerzo y la superación personal. A menos, claro, que eso pueda colgarse de la pared.

Sobran las excusas. Todas falsas, todas menores, todas miserables. El cazador de papelitos termina por mentir, por engañar a quien sea con tal de llevarse a casa su trofeo. Llenan las paredes con cuadritos vulgares que dicen quienes son. Lo que no comprenden, lo que no podrían entender es que en verdad dicen quienes son. Que los desenmascaran y los delatan. Que dicen que son uno tipos ligeros y superficiales que necesitan el espejo de la madrastra de Cenicienta. “Dime espejito, ¿quién es la más hermosa de este reino?”.

Antes me daban lástima. Ahora me enfurecen. Encienden lo peor de mí. Los desprecio. Son obesos de currículum y desnutridos de valores. Porbrecitos, caminan cargando sus carpetas tan pesadas y sus cabezas tan vacías. Necesitan que los documentos hablen por ellos porque no tienen nada que decir. Suponen que kilos de basura de papel hablarán por ellos.

Nunca entendieron que lo que importa no es lo que se afirma haber aprendido sino lo que uno es capaz de hacer con ello. Son figuritas del star system académico. Amurallados detrás de sus antecedentes se esconden como pigmeos pequeños y balbuceantes. Desamparados como animalitos desnudos e indefensos. Visten un traje de palabras que no dicen nada. Muestran un empeño y una dedicación a la hora del trámite que nunca exhibieron en el momento de estudiar. Son obedientes y triviales. No terminan de dictar su conferencia que ya buscan desesperados a la secretaria. Aún no aprueban sus exámenes cuando inician las gestiones. Quieren pruebas. Pero falsas, Tienen sueños lúbricos de burócratas del conocimiento. Se excitan con los diplomas. Están ebrios de títulos. Bailan detrás de los funcionarios como marineros detrás de las meretrices.

  • Propongo que no haya más prueba de lo que uno sabe que lo que uno hace. Que se quemen en piras funerarias las papeletas en todas las esquinas. Que no haya más curriculum que tu propia historia, ni más documento que los hechos.
  • Propongo un banquete académico donde se sirvan diplomas cocidos en una salsa ácida hecha de mentiras y fanfarronadas. Que a los adictos se les sirvan porciones monstruosas y que se las coman hasta el vómito.
  • Propongo que los cursos no emitan certificados. Que los certificados no certifiquen nada. Que acumularlos deje constancia de la banalidad de la existencia y que exhibirlos sea un diagnóstico de la estupidez en su forma clínica más severa.

Ahora sí, acá tienen mi cabeza para descargar su ira. Llénenme de excusas y de razones: que las instituciones los exigen, que sin ellos no se puede progresar. No hablo de lo que los papelitos significan para los burócratas, me refiero a lo que significan para ustedes mismos. Péguenme, pero no les pienso dar ningún certificado por hacerlo.

certificados

  • Ricardo Piegaro

    Yo pienso en mudarme a otra casa más grande, porque tengo tantos títulos y certificados que ya no me alcanzan las paredes de este loft con fonde de arena en Playa Unión.
    Vos que sos un tipo tan conectado…¿no tendráss una inmobiliaria amiga para recomendarme?

  • No Ricardo, inmobiliarias no conozco. Pero si querés te envío una bolsa de carbón y una caja de Tres Patitos para que te hagas un asadito con las condecoraciones.

  • Ana

    Daniel: Hace años leí ” Tener o ser” de Erich Fromm. Al leerte lo recordé….
    Un beso.

  • aflichten

    Ana: yo también lo leí pero ya no tengo recuerdos. Lo buscaré entre mis libros de adolescencia, me gustaría volver a leerlo. Gracias y te mando un beso.

  • Nestor Zawadzki

    Sublime. La cucarda intelectual se exhibe en acto y pensamiento y se verifica en resultados, no siempre en ese orden.

  • Pedro Ferrada

    Tiene mucha razón , en la idea de hacer una gran pira o fogata y quemar toda la basura que acumulamos durante años.
    Pero surge un pequeño problema : los colegios médicos nos piden esos papelitos para renovar el titulo de esp. ; igual las obras sociales y prepagos.
    ¿ entonces : que hacemos ?
    Con respecto a llenar las paredes de ellos , concuerdo con su idea ; yo tengo la fotocopia enmarcada del titulo de medico ; era una de las condiciones para habilitar el consultorio , por el distrito 4.
    No hay nada mas colgado ; igualmente , a la gente que viene al consultorio , no le disgusta verlo lleno de papeles ; así lo vivieron en otros consultorios.
    En mi casa son recibidos por paredes sin escrituras , les llama la atención.
    Debe ser por eso tan conocido de ” serlo y parecerlo “.

  • Pablodb43

    No podría estar más de acuerdo. Como “idóneo” en periodismo, siempre sufrí el psicopateo por no tener un papelito de estudiante formado con fotocopias. Cuanto más licenciados, peor el nivel del periodismo gráfico: un plano inclinado que empezó en los 80. No sirve de nada todo eso, salvo excepciones. Existe una sobreproducción de cursos y de títulos de grado. Un disparate. Miles de “terminalidades”, etc, Cursos, cursetes, etc. Macho: LEAN, estudien. Solos, delante del libro. Agarrá Max Weber, solito, eh. Después uno habla dos minutos con esos tipos y se da cuenta  que no valen nada.

  • María