Conversaciones con el maestro

filosofos

– Maestro estuve leyendo los textos que me recomendó pero hay cosas que no entiendo.

– Qué bueno Daniel, eso indica que los ha leído muy bien. Qué es lo que le ha llamado la atención.

– No lo comprendo profesor, ¿en qué aventajan los teólogos a los naturópatas tal como usted afirma?

– Los teólogos proceden con más honestidad que los naturópatas, ya que admiten que es imposible demostrar la existencia de Dios. En cambio ellos consideran que pueden demostrar que sus remedios son eficaces aunque nunca lo han hecho. El “onus probandi”, o peso de la prueba de una conjetura, recae sobre quien la propone. El naturismo es un juicio de valor no una propuesta científica.

– Pero hay cientos de descripciones de efectos de remedios naturales.

– Una descripción sólo se convierte en una explicación cuando revela los mecanismos que producen aquello que describe.  Que una cosa siga a otra no indica que una sea la causa y la otra su efecto.

– Entonces debo concluir que todo se reduce a física y química o no tenemos nada.

– De ninguna manera Daniel. Todas estas versiones del reduccionismo radical son falsas, porque pasan por alto la emergencia, o sea, el hecho de que todo sistema tiene propiedades globales (emergentes) ausentes de sus constituyentes. Los componentes de cada nivel de organización de la realidad tienen sus pautas de organización peculiares que no rigen en otros niveles.

– ¿Y dónde entra la ciencia allí?

– El sistemismo implica al emergentismo, y la emergencia es explicable en términos científicos.

– ¿Pero siempre hay algo antes de otra cosa o existen cosas inmotivadas?

– Claro que lo hay como en el poema “Ajedrez” de Jorge Luis Borges sólo que al final de la cadena no hay ningún dios. Por ejemplo, la física y la química preceden a la biología porque estudian los componentes de las células; y a su vez la biología precede a la sociología, porque los grupos sociales están compuestos por organismos. Es decir, la relación epistemológica de precedencia entre ciencias se enraíza en la relación ontológica de parte a todo.

– ¿Conocer algo ignorando su precedencia es un error?

– La teoría del conocimiento no puede cultivarse bien sin ontología. Un ejemplo claro es el de las teorías del conocimiento que ignoran al órgano del conocer (cerebro). Hay ser sin conocer, pero no hay conocer sin ser: este es el motivo por el cual las epistemologías clásicas no han ayudado a investigar.

– Bueno no estoy tan seguro de que el “órgano del conocer” como usted lo llama sea imprescindible para elaborar una teoría del conocimiento. De hecho casi todas ellas lo han hecho sin saber nada al respecto o, lo que es peor aún, creyendo en el dualismo mente-cuerpo.

– Los psicofármacos debieran ser de enorme interés para los flósofos ya que su mera existencia refuta de golpe la concepción idealista de la mente, según la cual ésta sería inmaterial. La razón es que, si lo mental fuese inmaterial, sería imposible que una taza de café aclare la mente, una botella de vino la trastorne, una píldora de Valium calme la ansiedad, o una de Prozac levante mejore la depresión. Sin embargo esta prueba evidente de la relación mente cuerpo parece no resultar suficiente para muchas personas.

– Mejor no mencionemos a los psicofármacos que tienen muy mala prensa.

– Estamos asistiendo a un culatazo cultural: a la indignación por los precios exagerados de los fármacos, y por la renuencia de la industria a fabricar drogas genéricas (con patentes expiradas), se agrega el resentimiento que suelen provocar los avances científicos y técnicos entre quienes se quedaron atrás.

– ¿Resentimiento? ¿Cómo es eso?

– Semejante reacción no es nueva: al caer el mundo antiguo, las masas que habían quedado al margen de la cultura oficial adoptaron religiones exóticas; la Caza de Brujas del siglo 17 siguió a la Revolución Científica; las filosofías idealistas de Kant y Hegel reaccionaron contra el materialismo y el cientificismo de la Ilustración; el intuicionismo, el psicoanálisis, la fenomenología, la filosofía lingüística y el marxismo dogmático se popularizaron al mismo tiempo que emergían o se desarrollaban enormemente la biología evolutiva, la física atómica, la neurociencia cognitiva, la medicina científica y otras disciplinas rigurosas; los de  la Contracultura y el posmodernismo demonizaron a la ciencia triunfante.

– Conozco a personas honestas y muy bien intencionadas que critican furiosamente a la farmacología.

– También atacan a la farmacología los “progresistas” que no distinguen el conocimiento de sus usos; que imaginan que la medicina científica es un mero instrumento de la industria farmacéutica; y que pretenden juzgar a la ciencia con criterios políticos. Parecería que también en la cultura vale el teorema mecánico acerca de la reacción que acompaña a la acción.

– Bueno, mejor volvamos a la filosofía. Después de todo el reduccionismo no era tan malo.

– Puesto que los seres humanos cruzamos todos los niveles de organización, desde el atómico hasta el social, es imposible comprenderlos si se pretende reducirlos a un solo nivel. En particular, el cáncer arranca al nivel molecular y altera el comportamiento social del paciente; en cambio, el estrés social empieza al nivel social y desciende hasta el molecular. Bienvenido el reduccionismo moderado cuando se limita a recordarnos que los sistemas complejos deben concebirse y manipularse a todos los niveles que crucen, y que mientras algunos procesos permanecen en un nivel, otros van de abajo para arriba, y otros en sentido inverso.

– Comprender estas cosas ayuda en algo a los médicos en su práctica cotidiana.

– Claro, fíjese usted que la psicología clínica y la psiquiatría están pasando rápidamente de la logoterapia a la protociencia al comprender cómo se construye conocimiento científico.

– Es que muchas veces la medicina es mucho más borrosa y confusa que la ciencia. Hoy proliferan actos médicos en áreas que antes ni siquiera eran imaginables.

– Sí, el problema es que muchas de ellos responden a los gustos y deseos de los pacientes-clientes antes que a sus necesidades.

– Profesor creo que por esta noche ya nos hemos ganado suficientes enemigos. Mejor sigamos mañana.

– Yo ya tenía esos enemigos pero con mucho gusto ahora los compartiré con usted. Hasta mañana.

  • DrGEN

    Maestro!