La carótida de Aquiles

Kirchner

KirchnerLa operación del ex presidente Néstor Kirchner puso otra vez en evidencia el impacto de los “estilos de vida” en la salud. Carótidas tapadas y el estrés del poder.
Por Daniel Flichtentrei

Hay un momento en el que todos somos vulnerables. Entonces las diferencias se disuelven y la enfermedad nos iguala. Nos descubrimos frágiles ante una naturaleza que es ciega al poder y sorda a los privilegios. La medicina está capacitada para hacer diagnósticos tempranos y ofrecer soluciones en la mayoría de los casos. Pero el problema no es lo que sabe o ignora, sino la desigualdad en el acceso a esos recursos.

La epidemiología actual señala las enfermedades cardiovasculares como el “talón de Aquiles” de la humanidad. Ellas ocupan el primer lugar entre las causas de discapacidad y muerte. Las obstrucciones carotideas —como la que acaba de sufrir el ex presidente Néstor Kirchner— y coronarias son sus localizaciones más frecuentes. El estudio Interheart —que analizó datos de 52 países— aportó evidencias sobre los factores de riesgo que las anticipan. La hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, el tabaquismo, el colesterol y las condiciones psicosociales son los responsables de más de un tercio de los casos de esta enfermedad en el mundo.

Pero ¿por qué? Los “estilos de vida” no se adoptan por generación espontánea. Obedecen a tendencias que nacen en el interior de una cultura que produce patrones de conducta y matrices de significados. Mientras que las “condiciones de vida” son las que se les  imponen a las personas como consecuencia de la inequidad social. En medicina cada paciente es un caso singular. De la confluencia entre su biología y su biografía nacen las razones para la salud o la enfermedad. Pero habitamos un mundo donde las diferencias se atenúan y las costumbres se globalizan. La forma en que vivimos abre las puertas hacia el interior de nuestras arterias. Los ejemplos abundan en todos los sectores pero, durante los  últimos años, una larga lista de hombres vinculados al poder vivieron experiencias que lo confirman. Allí están los casos de Sarkozy, Lula y Uribe, entre otros, como ejemplos de un fenómeno al que ya nadie puede considerar ajeno.

Los médicos apenas registramos los hechos biológicos que los modos de vivir imponen a nuestros cuerpos. Determinar el riesgo cardiovascular podría considerarse una verdadera “arqueología del porvenir”. A partir de ciertos indicadores leemos las señales que el ambiente talla sobre la salud. Pero suponer que estos factores están restringidos a la pura biología no sólo es una prueba de todo lo que desconocemos o de los que nos negamos a ver, sino también la condición que anticipa un fracaso inexorable. Olvidarlo no es inocente. Ignorarlo anuncia catástrofes.

Si fuéramos capaces de superar el encierro cognitivo del dualismo mente/cuerpo nos encontraríamos con la rotunda unidad que, en los hechos, muestran estas dos categorías ilusoriamente separadas. El estudio Interheart también aporta pruebas acerca del impacto que tienen ciertas condiciones psicológicas como el estrés o la depresión sobre estas enfermedades.

Otra investigación pionera liderada por el Dr. Michael Marmot (de Inglaterra) analizó los mecanismos mediante los cuales el estrés laboral se vincula con las enfermedades cardiovasculares. Sus conclusiones afirman que la mortalidad cardiovascular resulta mayor cuanto menor es el nivel de ingresos y más limitada es la capacidad para decidir de manera autónoma sobre la vida y el futuro personal. Los trabajadores de la ciudad de Londres consultados acerca de cuáles eran los aspectos que más contribuían a su malestar laboral mencionaron el autoritarismo, la falta de comunicación, los liderazgos sin méritos, la falta de autodeterminación y la sensación de que lo que se hace es inútil, es erróneo o contradice sus principios morales y éticos. La disolución de los límites entre los objetivos personales y los laborales, la identificación enfática entre lo que somos y lo que hacemos, y las señales de una identidad personal que sólo se construye a través del lugar que ocupamos son algunas de las circunstancias que, según se demostró, nos exponen a un riesgo excesivo.

En ocasiones los hechos de la vida cotidiana también actúan como disparadores de episodios agudos (por ejemplo, la ruptura de una placa aterosclerótica) en un individuo vulnerable. Situaciones como las catástrofes naturales, mudanzas, divorcios o hasta las derrotas deportivas fueron reportadas como incidentes que aumentaron el número de episodios clínicos y la mortalidad.

Ya disponemos de sólidas evidencias que permiten identificar estructuras de personalidad y situaciones existenciales que producen, facilitan o desencadenan este tipo de enfermedades. Las fronteras de clase, geográficas o de género se desvanecen para conformar un escenario de riesgo global.

Cuando una persona pública —como Kirchner— padece uno de estos cuadros, resulta un momento propicio para reflexionar sobre del tema. Como en la mayoría de los problemas de salud, la verdadera solución supera el estrecho ámbito de la medicina. No es inteligente proponer respuestas individuales a problemas sociales. No encontraremos en la biología más que las huellas de los imprudentes pasos que damos como sociedad. Si el héroe de la mitología griega viviera entre nosotros, ya no sería su famoso talón el que lo haría vulnerable. Es muy probable que nos viéramos en la necesidad de decir que ahora su punto débil se encuentra en “la carótida de Aquiles”.                                                                 

* Flichtentrei es médico cardiólogo y jefe de contenidos médicos de Intramed.net.

Publicado en Newsweek:  http://www.elargentino.com/nota-77142-medios-126-La-carotida-de-Aquiles.html