No saber

doctor-by-fildes1

Un enfermo que no está bien pero que no muestra nada evidente es un desafío. Sabés que tiene algo pero ignorás qué. Pasás una hora interrogándolo con las mismas preguntas. “Empecemos otra vez desde el principio”, le insistís. Lo examinás otras tantas veces. Pedís análisis de urgencia que no muestran nada. Fiebre persistente sin leucocitosis, sin neutropenia, sin linfocitosis, sin sedimento alterado, sin semiología respiratoria, ni digestiva, sin signos meníngeos, sin adenopatías. Fiebre, fiebre, fiebre. Agotamiento, desaliento, negativismo, anorexia, mialgias. Tiene que tener algo y yo tengo que encontrarlo. Vas construyendo una lista: brucelosis, mononucleosis, citomegalovirus, tuberculosis, endocarditis, leptospirosis, micosis profundas, linfoma, fiebre paraneoplásica, hipotalámica, hipertiroidea, farmacológica, psicógena. ¿Lo interno? Mejor hago un registro horario de la temperatura primero. ¿Lo cultivo? Mejor espero un par de días  para ver si se focaliza. ¿Por qué no me voy a dormir y mañana lo pienso otra vez? Cerrás los ojos. Ves citoquinas, granulocitos, esplenomegalia, hepatocitos, virus y bacterias. Querés café, cerveza, una mujer. Querés salirte del caso por un momento para volver a él. Pero nada. No lo lográs. Él manda, vos obedecés. No podés dormir. Te levantás. Abris el Harison en el capítulo de FOD (fiebre de origen desconocido). Leés, leés, leés lo que ya sabías de memoria. Hiciste todo lo que había que hacer. Paso a paso con prudencia. Te acordás de un viejo maestro que te decía: “No te apures, tenés que esperar a los enfermos hasta que la enfermedad hable a través de ellos”. Era un viejo sabio y campechano: “escuchalos, observalos, tocalos, permanecé atento y concentrado hasta que la liebre asome la cola”. Te erizás como un puma en celo. Agudizás tus sentidos buscando signos de alarma. Activás tus radares para encontrar la cola de la liebre. Esperar es la medida de la incertidumbre. Te montás en el puesto de guardia y desplegás  toda la extraordinaria agudeza sensitiva e intelectual de la clínica. Planteás hipótesis y las contrastas con les hechos. Las refutás hasta las últimas consecuencias. Deducís, inferís, abducís. Sos Sherlok Holmes, Hércules Poirot, Charles Sanders Peirce, Voltaire, Osler, Popper, Bunge, House. Este laburo te come la cabeza. No tiene horario. No te da tregua. Te chupa hasta la última gota de voluntad. Le exige a tus sentidos y a tu razón todo lo que tengan para dar. Te quiere todo, en cuerpo y mente. Es apasionante y agotador.  Alienante y enfermizo. No lo cambiarías por nada. Este maldito laburo, es el mejor trabajo del mundo.

  • Carlosper25

    Excelente ensayo, sin duda refleja pomposamente el fino “criterium” del clínico.