Una cuestión de método

professor_and_his_pupil

-Daniel usted malgasta su energía intentando convencer a las personas de que están  equivocadas.

– ¿Y eso no es lo que deberíamos hacer?

– No. Nadie es un ignorante voluntariamente. Aquello en lo que creen es producto del sistema de razonamiento que han aceptado sin críticas durante su educación.

-Pero profesor, mostrarles el error podría inducirlos a replantearse sus creencias.

– No. Porque lo que usted les diga será procesado con el único modo de procesamiento que conocen que está preparado para confirmarlos en su error.

-Entonces, ¿no hay solución?

-Sí, muéstreles sus resultados no los errores de ellos.

Llevamos la cuenta de nuestros aciertos pero no de nuestros errores. La memoria es un contador desmemoriado. Confiamos en la intuición más que en la deducción para tomar decisiones. Creemos, sin fundamento alguno, en las corazonadas, en el olfato, en el ojo clínico, en la libre interpretación o  en cualquier otra forma adivinatoria del pensamiento. Nos consuela del dramático hecho de que la realidad no se ajusta a nuestros deseos. Sólo dos condiciones son necesarias para creer en algo tan absurdo: el olvido de nuestras equivocaciones y la cerrada resistencia a poner a prueba nuestras afirmaciones. Podría resultar un método apropiado para el amor -donde es recomendable ignorar la verdad-, pero es inadmisible en cuestiones de salud -donde es criminal desconocerla-. Estamos rodeados de ideas que nos parecen oportunas, razonables y bellas. Pero gran parte de ellas son falsas, inconvenientes y peligrosas. Guiados por la lectura emocional de lo que se nos dice, educados en el analfabetismo científico y dominados por el prejuicio respecto de la lógica y la probabilidad, las aceptamos alegres y satisfechos. Lo que luce bien está bien. Lo verosímil es verdadero. Aquello que confirma nuestras expectativas es aceptado. Nuestra pereza mental nos protege de lo verdadero. Pero nos condena a vivir en un mundo imaginario. Nuestro cerebro es la herramienta que nos abre las puertas a la maravillosa aventura del pensamiento. Como con un martillo podés golpear al clavo o al dedo. El problema es el método. Vos decidís.

  • Esteban Larronde

     Daniel

    Cuando uno escribe en internet, debatiendo, JAMAS se logra en primera instancia convencer a un tercero.

    De todas formas esto no torna esteril la discusion
    Los debates sirven primero, para replantearnos nuestras ideas, y tal vez darnos cuenta que los equivocados somos nosotros, segundo, para dejar la semilla en el otro (y muchas veces germina) y tercero y esta es la causa mas importante, para un tercero que lee el tema sin ninguna idea formada.