Vesalio entre los genes

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Hay algo en la biología molecular que la acerca a las sinfonías y a la poesía. Mundos sutiles y complejos que se acentúan en el detalle. Una obra que sólo es visible como un conjunto. Cada instrumento, cada palabra o cada molécula sacrifican su identidad a la estructura. Hay armonía entre las partes y un sentido que sólo asoma la cabeza cuando los individuos la esconden. Todos los sábados nos juntamos al calor del mediodía para estudiar el apasionante mundo subcelular. Andamos entre aminoácidos, histonas y telómeros. De las delicadas transformaciones del polimorfismo a las superposiciones de las enfermedades poligénicas. Desde los receptores a los intermediarios. Señales minúsculas y secretas que guardan el alfabeto de la vida. Códigos con los que se susurran al oído el ambioma y el genoma. Puertas abiertas a las circunstancias. La historia y la biografía entrando en un país de cromosomas y mitocondrias. Transformaciones de la biología que producen cambios en la conducta que produce transformaciones del ambiente que produce transformaciones de la biología que producen cambios en la conducta que produce transformaciones del ambiente que produce transformaciones de la biología…

Después discutimos los casos clínicos más complejos de la semana. Ponemos los genes y los nucleótidos dentro de las personas y a éstas dentro del mundo. Eso es medicina. Saber más te abre puertas. Te rescata de las interpretaciones vulgares y de la estrechez de perspectivas. Te ofrece una soga que se descuelga a través de la ventana. Vos decidís si escapar o quedarte amurallado en tu encierro disciplinar. Es muy bueno compartir con otros la asistencia a los enfermos. La soledad del consultorio es una práctica autista y desamparada. Una mano, una mirada, un insulto de tus pares te sacan de tu propia omnipotencia. Tus compañeros te protegen de tu arrogancia. Entre todos nos cuidamos a nosotros mismos y a la gente lo mejor que podemos.

Algo está cambiando en nuestra concepción del hombre, de la vida. Sólo la idea idiota de la ciencia que el analfabetismo científico ha creado entre nosotros impide verlo con mayor claridad. Parece absurdo, es absurdo. La fantasía acerca del conocimiento científico elaborada por quienes nada saben de ciencia es el modelo torpe y hemipléjico que circula en nuestra cultura. Hoy mi compañera Laura, tal vez la persona más inteligente que yo haya conocido jamás, nos dijo: “La genética está todavía muy lejos de la medicina real. No se entusiasmen como chicos. Este momento es parecido al de las primeras disecciones anatómicas de Vesalio o de Galeno. Estamos en la prehistoria. Todavía no hemos comprendido nada”.

Me voy hacia la peste del domingo contento por haber confirmado otra vez lo más valioso que tiene la ciencia: señalarte la fragilidad de lo que sabés, la contundencia de tu ignorancia y la vaporosa belleza lo vivo.